Mi primera vez

En un gesto muy de padre divorciado completamente ausente, mi viejo cometió el error de darme la extensión de su Diners.  Yo sonreí agradecida y la misma semana me fui derechito a Brasil.

Volví con una deuda que tardé muchísimo en pagar. En esa epoca ganaba algo así como 700 pesos con toda la furia. Pero Florianópolis valió la pena. Fue el viaje que me vio emancipada.

Yo me sentía muy importante por haber sido emancipada y poder viajar sola siendo menor.

Años después pagando terapia, me di cuenta que eso no fue tan bueno.

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No lo conozco

No lo conozco.

Es un tipo con el que compartí una cena.

No me atrae. No me parece inteligente. No me parece lindo. No había ninguna doble intención mutua.

A su lado estaba sentada su novia. Una latina de unos 50 años, muy culta y modosita.

Pedí un café después de cenar y el mozo se olvidó de mi pedido.

Buscándolo con la mirada sin suerte, mi compañero de mesa lo advirtió.

Llamó al mozo y le dijo: Ella pidió un café hace 20 minutos….

Yo callada. Nunca me quedo callada.

Gracias, murmuré.

Volví sola a mi casa en taxi.

Pensando en lo maltratadas que nos automaltratamos las mujeres.

Que mezclamos horriblemente las líneas de independencia, rebeldía, feminismo, etc.

Es un lugar común, trillado y discutido. Ni me quiero meter ahí.

Llegué a mi casa, me peleé con el taxista de Pakistán, otra vez poníendome en un rol que odio.

Quiero que alguien reclame por mi si no me traen el café.

Mi destino es volar…ao vivo con Pablo.

Otro de aviones porque Pablo me lo pide.
Pablo es el Pablo de los aviones, que me “supervisa” mis vuelos en vivo.
Como que si alguien está mirando desde abajo estoy mas tranquila, pero no estaría funcionando.
_ No, no quiero nada de tomar tarada. Qué querés? Que me lo tire todo encima?
La señal del cinturón ya la apagó este hijo de su madre y nos estamos moviendo mas que Benjamín a la China Suarez.
Yo hice todo lo que hay que hacer.
Acaricié el marco de la puerta del avión y le dí unas palmaditas entrando y le dije para mis adentros “llevame a casa campeón”

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Judía.

Estaba ahí por una de esas calles del centro que nunca aprendí porque soy una chica de Belgrano. Había ido a hacer un trámite de averiguación de antecedentes para mi visa americana.

Cuando salí caminé unas cuadras y me di cuenta de que estaba delante de la Sinagoga number one. La mera mera Sinagoga de la calle Libertad.

Toda vallada, cercada, cuidada, protegida, custodiada, hermética, impenetrable, obtusa, difícil.

Paréntesis. Qué cosa tremenda esa de los templos de todas las religiones de tener una mega puerta enorme hermosa siempre cerrada y que te atiendan por una mísera puertita de ropero que hay al costado.

Me picó la curiosidad y decidí hacer buenas migas con esa parte de mi ser. Me mandé por la puerta de placard y me atendió un espía ruso wannabe con cara de pocos amigos que seguro en sus ratos libres tenía trabajos de seguridad en templos varios.

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Guardar para después de qué?

Te regalan un chocolate grande cuando sos chica y tu abuela te dice, guardalo para después.

Y así te metieron el file como si nada.

Un día cualquiera te cuentan que un compañero de escuela está enfermo, que no va a venir mas a clases. Y no viene mas en serio.

Pero no prestás demasiada atención y seguis la vida como si nada, guardando para después.

Cuando tuve que ir a vaciar mi casa materna ví claramente lo dañino del virus “guardar para después”

En la baulera estaban todas las cajas con todos los regalos del casamiento de mis padres.

Platos con bordes de oro, juegos enteros de platería, fuentes, adornos, blanquería estrenando por años el color amarillo tonalidad arruinado.

Algunos hasta tenían las tarjetas de quienes los habían comprado. Sobres amarillentos con la marca ocre de una cinta adhesiva vieja, pegada para siempre.

Deseos obligados en palabras con tinta de lapicera, de esa Sheaffer o Parker que nunca usábamos. Usábamos la 303 y la lapicera buena la guardábamos para después.

Fui a la cocina, abrí la alacena y ví los platos que usó mi mamá hasta el último día de su vida.

Había un DURAX, unos de lata con los bordes cascados, el plato azul celeste con el que comía mi hermano cuando era chiquito.

Los vasos eran todos diferentes; estaban esos rojos de plástico duro que iban lentamente tomando olor a lo que servías en ellos.

Los cubiertos lo mismo.

Vuelo a Miami.

Check in.

_ Podemos darle un upgrade.

Miro mi AMEX.

Guardar para después de qué?

@LadyStockMarket